La Imagen de María Santísima de la Amargura es obra del imaginero D. José Callejón Gutiérrez y del pintor D. Rafael Díaz Peno. Se trata de una imagen exenta, de bulto redondo, de candelero y de talla incompleta, al estar únicamente talladas la cabeza y las manos, siendo por tanto una imagen de vestir.

María Santísima de la Amargura llega a la Hermandad el 14 de noviembre de 1944 de la mano de sus hermanos fundadores. Fue bendecida por el Padre Fray Alejo de San Pablo, Superior de los Trinitarios, actuando como padrinos de la bendición D. Joaquín Azofra Herrería, comandante de Ingenieros, y su esposa, D.ª Rosario Pozo Baena de Azofra.

Desde sus inicios ha permanecido, en cierto modo, eclipsada devocionalmente por la imagen de Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, aunque siempre bajo su amparo espiritual.

A lo largo de los años, la imagen ha sido objeto de importantes modificaciones tanto en su estructura como en su fisonomía, intervenciones que fueron realizadas por D. Antonio Castillo Ariza entre 1958 y 1959, D. Juan Martínez Cerrillo entre 1966 y 1967, y finalmente por D. Antonio Bernal Redondo y D. Francisco Romero Zafra entre 1998 y 1999. En su concepción primitiva, la mirada de la Virgen se dirigía hacia el cielo, mientras que en la actualidad se orienta hacia el fiel, reforzando su carácter cercano y suplicante. Pese a estas transformaciones, los rasgos esenciales que la caracterizan han permanecido intactos.

Es una Dolorosa de rostro maduro, que denota la contención de un suspiro. Su mirada es gacha y llorosa, y su boca entreabierta intensifica la expresión de dolor contenido. Sus mejillas, suavemente sonrosadas, aparecen surcadas por cuatro lágrimas, que acentúan su aflicción. No obstante, pese a lo amargo de su situación, es una imagen cargada de dulzura, que invita a la oración y a la compasión de quienes la contemplan, siempre a la sombra de su Hijo, el Nazareno Rescatado.

El origen de su advocación no se encuentra en los Evangelios, sino en el Antiguo Testamento, concretamente en el Libro de Rut:

«Y ella les dijo: No me llaméis Noemí, llamadme Mara, porque el trato del Todopoderoso me ha llenado de amargura» (Rut 1,20).

Asimismo, el momento concreto de la vida de la Virgen que representa esta imagen no está claramente definido. Podría tratarse del encuentro con Jesús en la calle de la Amargura, o bien del episodio de la Presentación de Jesús en el Templo de Jerusalén, cuando el anciano Simeón le anunció:

«Y una espada traspasará tu misma alma, para que sean revelados los pensamientos de muchos corazones» (Lc 2,35).

María Santísima de la Amargura es la Titular mariana de la Cofradía, formando parte de su Estación de Penitencia cada Domingo de Ramos. Asimismo, la Hermandad celebra en su honor diversos cultos, que tienen lugar durante los meses de septiembre y octubre.

La imagen posee un ajuar variado y de gran riqueza, en el que predominan las sayas en colores blanco, rojo y azul, tanto bordadas en oro fino como realizadas mediante técnicas de aplicación. También cuenta con ternos en tonos morados y burdeos, así como con coronas de plata y plata sobredorada, una diadema y un halo de estrellas.

Completa su ajuar una notable colección de joyas, rosarios de mano y pañuelos, muchas de estas piezas donadas por hermanos, fieles y devotos, así como por las sucesivas Juntas de Gobierno de la Hermandad, su Grupo Joven y su Cuadrilla de Costaleros.

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