Iglesia de nuestra señora de Gracia y San Eulogio
Uno de los lugares emblemáticos de la Córdoba del siglo XVIII, y una de las entradas preferentes para el tráfico de población hacia la ciudad por medio de la ya desaparecida Puerta de Plasencia, se sitúa en la Plaza del Corazón de María, actualmente conocida como Plaza del Santísimo Cristo de Gracia. Enclavada en una posición elevada, se halla la sede canónica de nuestra Hermandad y lugar de culto de nuestros Sagrados Titulares.

Iglesia de nuestra señora de Gracia y San Eulogio
Fue la Orden Trinitaria, a través de San Juan Bautista de la Concepción, quien inició el emplazamiento de la misma en un convento junto a una pequeña ermita dedicada a Ntra. Sra. de Gracia, cuyos orígenes se remontan a finales del siglo XV o principios del siglo XVI. La construcción de dicho convento se inició durante el siglo XVII, siendo consagrado en el año 1686.
A partir de entonces, el convento vivió diversos periodos de convulsión, como durante la Guerra de la Independencia, cuando sufrió una radical transformación al convertirse en instalaciones militares para el bando francés. Reunida nuevamente la comunidad en 1813, esta pudo festejar como merecía la beatificación de Juan Bautista de la Concepción, fundador de la Casa.
No obstante, con motivo de la desamortización de 1835, la comunidad trinitaria quedó disuelta y fueron incautados todos sus bienes muebles e inmuebles. Sin presencia de la Orden, en 1838 se planteó utilizar la iglesia como ampliación del presidio correccional, aunque finalmente mantuvo el culto gracias a las limosnas y al apoyo de la Hermandad del Cristo de Gracia. Más tarde, el convento tuvo distintos usos: caballerizas, hospital durante las epidemias de cólera y hospital militar tras la batalla de Alcolea.
Durante el resto del siglo XIX, varios religiosos trinitarios trataron de recuperar el culto del convento, realizando diversos intentos infructuosos de restauración, hasta que en 1876 pasó a ser ocupado por la Orden Claretiana, cuyos miembros establecieron un colegio de misiones y revitalizaron la iglesia.
A comienzos del siglo XX, los trinitarios recuperaron definitivamente el convento —“mientras permanecieran en Córdoba”— con autorización del obispo de Córdoba. La comunidad se instaló definitivamente en 1903 y desde entonces se encarga del culto en la iglesia. En 1969, la iglesia conventual fue convertida oficialmente en parroquia bajo la advocación de Ntra. Sra. de Gracia y San Eulogio.
Centrados ya en el edificio, la iglesia se eleva sobre la Plaza del Cristo de Gracia, presentando una fachada de disposición singular y de cuerpos bien diferenciados. Obra de Sebastián Vidal, se compone en su cuerpo inferior de tres entradas coronadas por frontones curvos. Encima de la puerta principal se encuentra un altorrelieve de la Santísima Trinidad y un ángel con dos cautivos, símbolos principales de la Orden Trinitaria. Sobre las otras dos puertas menores aparecen las imágenes de San Juan de Mata, a la izquierda del observador, y San Félix de Valois, a la derecha, fundadores ambos de la Orden Trinitaria, representados de rodillas y en actitud orante. Sobre la puerta del convento se sitúa Santa Inés, y sobre la otra lateral, Santa Catalina de Alejandría, consideradas patronas de la Orden Trinitaria.
Más arriba están representadas las virtudes teologales: Fe, Esperanza y Caridad. Un frontón triangular, con ojo de buey en el centro y flanqueado por dos ángeles, cierra el muro de la fachada y oculta el tejado. Corona el vértice superior una imagen de la Virgen de Gracia, acompañada en los ángulos inferiores por los arcángeles San Rafael y San Miguel.

Retablo mayor, obra de Jerónimo Sánchez de Rueda y Jerónimo Caballero.
Los muros laterales, rematados igualmente con frontones triangulares de la misma tipología, albergan dos ventanas cada uno. Las situadas a la derecha son ciegas y presentan dos azulejos, siendo el de mayor interés el que representa a Nuestro Padre Jesús Nazareno Rescatado, de procedencia sevillana y realizado por Mensaque.
Una vez en el interior del templo, podemos observar su disposición en una nave, crucero y cabecera rectangular, situándose el coro en la parte superior de los pies de la iglesia. El crucero se cubre mediante una cúpula profusamente ornamentada, configurada con un gran medallón de hojarasca y orlas con representaciones de Isaac, David, Ezequiel, Abraham, entre otros personajes bíblicos. La bóveda principal presenta pinturas enmarcadas sobre la vida de San Juan Bautista de la Concepción.
Dirigiendo la vista hacia el altar mayor, apreciamos el retablo principal, obra de Jerónimo Sánchez de Rueda y Jerónimo Caballero, fechado a comienzos del siglo XVIII. De estilo churrigueresco, consta de dos cuerpos. El primero se divide en tres calles mediante cuatro columnas salomónicas. Ocupa la calle central el manifestador y, sobre él, en un grandioso camarín de arco apainelado, un altorrelieve de la Santísima Trinidad, obra del imaginero cordobés Antonio Castillo Ariza en 1963.
En las calles laterales se encuentran las imágenes de los fundadores de la Orden Trinitaria: San Juan de Mata y San Félix de Valois, situados respectivamente a izquierda y derecha del observador. Son imágenes de estilo barroco incorporadas hacia la primera mitad del siglo XX. Coronando las hornacinas superiores aparecen San Álvaro y Santa Catalina, santos dominicos relacionados con el escudo de dicha Orden, situado sobre el camarín central.
Finalmente, coronando el retablo, encontramos la primitiva imagen de la Virgen de Gracia, fechada a finales del siglo XVI y, sobre ella, un Crucificado de tamaño académico del siglo XVIII.
El crucero se encuentra rematado por tres imágenes de grandes proporciones correspondientes a San Lucas, San Juan y San Marcos, mientras que la de San Mateo permanece resguardada a la espera de una profunda restauración. Todas ellas fueron labradas por Alonso Gómez de Sandoval en el siglo XVIII.
En el brazo izquierdo del crucero podemos contemplar, cobijada en un retablo neoclásico del siglo XIX, una talla de la Inmaculada Concepción, obra del célebre imaginero D. Pedro Roldán a mediados del siglo XVII. En el brazo derecho, sobre la pila bautismal y enmarcada en un hueco del muro, se encuentra la imagen exenta de San Juan Bautista de la Concepción, atribuida al escultor madrileño D. Valeriano Salvatierra y fechada en 1819.
A la derecha del crucero se abre la capilla de Ntro. Padre Jesús Nazareno Rescatado y María Santísima de la Amargura, titulares ambos de nuestra corporación. Edificada en 1721, presenta planta hexagonal y se cubre mediante una cúpula de media naranja con tres ventanas ovaladas y una pequeña linterna que permite la entrada de luz natural. En los óvalos de las pechinas aparecen inscritos los nombres de San Juan de Mata, San Félix de Valois, San Atanasio y San Juan Crisóstomo.
Preside el frente un retablo barroco dorado, realizado en 1744, con camarín flanqueado por dos columnas salomónicas sobre las que descansan dos ángeles, rematadas ambas por el escudo de la Orden Trinitaria. Merece especial mención la lauda sepulcral situada en el centro de la capilla, que alberga los restos del escultor Alonso Gómez de Sandoval. Otra lápida, cercana a la entrada, guarda los restos de D. Gonzalo Antonio Serrano, médico y maestro en ciencias matemáticas, especialmente en astronomía y astrología.
A continuación se encuentra la capilla del Stmo. Cristo de Gracia, en la que destaca con notable presencia el grupo escultórico en forma de Calvario de los titulares de la Hermandad del Cristo de Gracia. Este espacio presenta planta cuadrangular y se cubre mediante una cúpula decorada con yeserías y pinturas alusivas, una vez más, a la Orden Trinitaria.
El retablo presenta una composición semejante a los anteriormente descritos, destacando especialmente el camarín. A ambos lados aparecen columnas salomónicas con reposteros decorados con anagramas de San Acisclo y Santa Victoria. Remata el conjunto un interesante lienzo sobre la Piedad, fechado a mediados del siglo XVIII.
El camarín, elevado y con acceso mediante escalinata, alberga un conjunto escultórico de gran relevancia artística. El Santísimo Cristo fue realizado en un material denominado titsingueri o cañaheja, elaborado a partir de la médula de la caña de azúcar, en la ciudad de Puebla de los Ángeles (México) en 1618. El resto del conjunto —María Santísima de los Dolores y Misericordia, San Juan Evangelista y Santa María Magdalena— corresponde a obras posteriores, realizadas en torno a 1900, anónimas y de escuela valenciana.
Bajo el altar de la capilla se sitúa una urna de bronce dorado y cristal que guarda una figura yacente-relicario de San Juan Bautista de la Concepción, en cuyo interior se encuentran los restos mortales del reformador.
Por último, a la izquierda del crucero se disponen tres altares o retablos. El primero, dedicado actualmente a la Beata Ana María Taigi, madre de familia y terciaria trinitaria, fue realizado en 1701 como lugar de enterramiento de Dña. Andrea y Dña. Catalina de Almagro y Cárdenas. El frontal del altar está realizado en una gran pieza de mármol rojo con escudo heráldico e inscripción funeraria fechada en 1708. Se trata de un retablo barroco dorado con hornacina central.
El segundo y tercer retablo, también barrocos y fechados en el siglo XVIII, son prácticamente idénticos entre sí, aunque de menores dimensiones respecto al primero. Están dorados y cuentan con un único nicho flanqueado por columnas salomónicas. El segundo está dedicado a San José, cuya imagen, de pequeño tamaño, es de escayola; mientras que el tercero alberga una imagen de San Rafael Arcángel tallada en madera. Ambas son de autor y cronología desconocidos.
Delante de este último retablo se sitúa una losa cuadrada de mármol, de mayores dimensiones que las restantes, que señala el lugar exacto donde se encuentra el pozo de la Virgen de Gracia en la cripta, único vestigio conservado de la primitiva ermita.














